En el mundo de las finanzas se puede ser dos tipos de personas. El crédulo que cree que se puede ir por el mundo sin tener un poco de picardía y cara dura (ojo, no confundir esta picardía con hacer trampas, con ser un delincuente y cometer delitos), que no sabe cómo sacar ventaja y va por el mundo creyendo que la gente es como él. El otro tipo de persona es aquel que, como he dicho actúa con picardía, que sabe cuando jugársela y siempre quiere sacar ventaja de cada situación.  He ignorado a los delincuentes, ya que siempre hablamos de personas que cumplen con la legalidad y las reglas del juego.

Pues bien, uno de los trucos más buscados en este mundo es el de siempre, de forma poco sospechosa, la de intentar conseguir siempre para él y sus cuentas la de una baja tributación, de esta forma consiguen ahorrar un dinero en términos de impuestos muy importante.

En las cuentas de valores, el inversor tributa IRPF por la venta de acciones y por el cobro de dividendos. Sin embargo, la compra de acciones no tiene otra incidencia fiscal que solamente la referida al Impuesto sobre el Patrimonio. Gracias a estos valores, el inversor obtiene rentabilidad al vender las acciones, derechos de suscripción  y al repartir los dividendos a los socios o accionistas. Una cuenta de valores puede ser llevada a cabo por cualquier cliente físico o jurídico pero el asesoramiento es vital a la hora de saber las características detalladas de este tipo de cuentas. Gracias a ella, el cliente incluso podrá operar en Bolsa

IRPF: Sigla de impuesto sobre la renta de las personas físicas.

Así, de esta forma (recalcando que se trata de una forma absolutamente legal), podemos alcanzar una conclusión de que si quiere alguna vez hacerse con una cuenta de valores, el momento en el que lo haga, no se arrepentirá, gracias a las ventajas que ello ofrece.

GFP