No hace falta irse a remotas islas situadas en el continente americano o en Oceanía para dar con alguno de estos ricos paraísos. En Europa también podemos encontrar algunos de los territorios offshore más importantes. Éstos son Suiza, Luxemburgo, Gibraltar, Malta, Andorra, Mónaco y las islas de Man y Jersey. Todos ellos caracterizadas por el secreto bancario, la poca legislación en materia financiera y la exención de impuestos.
Suiza es uno de los lugares predilectos para crear sociedades offshore por antonomasia y una de las zonas con las rentas de sus habitantes son de las más altas del mundo. Sus ciudades, con Zúrich y Ginebra a la cabeza, compiten cada año junto a las australianas en las de mejor calidad de vida. Altos sueldos y precios elevados y una estabilidad económica envidiada en toda Europa, sobre todo desde que en 1934 se introdujera la ley de secreto bancario, donde se prohíbe a los bancos la divulgación de los datos financieros de sus clientes. Las empresas y millonarios prefieren guardar el dinero en este país de modo que no tributan al estado de su nación de origen por los beneficios que les generen esas cuentas.
Los bancos en Suiza manejan activos totales de más de 6.5 billones de euros (40 % de activos nacionales y  60 % de clientes internacionales), el 30% total del dinero de todos los paraísos fiscales. Desde 1990, los bancos suizos exigen un curioso certificado a sus clientes: confirmar que sus depósitos no procedan de actividades criminales. La intensa presión internacional ha abierto la colaboración del país con las autoridades de la Unión Europea pero sólo colabora cuando existe una orden judicial o pruebas claras de delito masivo y organizado. Eso sí, desde mediados de los noventa, los bancos tienen el deber de denunciar a los clientes sospechosos de actividades ilícitas.
Luxemburgo posee algunos de los servicios financieros más sofisticados de Europa. Alberga más de 320 establecimientos financieros en sus apenas 2.500 kilómetros cuadrados de extensión y más de 1.800 fondos de inversión, opera 1.200 fondos y más de 10.000 holdings y grupos de empresas. La ley del país impide a las autoridades de otros países investigar a sus clientes a menos que existan pruebas de actividad criminal. Sin embargo, como miembro de la Unión Europa y de la zona euro, ha firmado acuerdos con diferentes países, entre ellos España. En 2009, el Ministerio de Economía y Hacienda modifico el artículo 27 del convenio con este país en la cual ambos se comprometían a intercambiar información en materia tributaria sobre los españoles con cuentas en Luxemburgo.
Liechtenstein es uno de los países más diminutos de Europa Central pero uno de los más ricos, también uno de los epicentros europeos para crear sociedades offshore. Cuenta con apenas 36.000 habitantes, encima un tercio de ellos son extranjeros, pero con un PIB que supera los 5 mil millones de dólares. Los depósitos bancarios en giran en torno a los 100.000 millones de euros y este sector representa la tercera parte del PIB. Su tasa de paro apenas es del 2% y es un estado sin deuda soberana.
Su proximidad y hermandad con Suiza le hacen actuar en una posición privilegiada: sus bancos apenas tienen impuestos para los negocios (máximos del 18%) y el 30% de sus ingresos se logran gracias a las más de 73.000 empresas establecidas en este pequeño país. El secreto bancario es estricto en este país de los Andes. En 2007, Liechtenstein fue protagonista de un escándalo fiscal protagonizado por la evasión de capitales de ciudadanos alemanes.
Otro de destinos offshore en Europa es Malta. Este país mediterráneo, tecnológico y estable, presenta un impuesto de sociedades del 35% para este tipo de forma jurídica, sin embargo en la distribución de dividendos a los accionistas extranjeros se llega a una imposición global solo del 4,17%. Cabe recordar que en este país, las empresas dedicadas al juego se multiplican con los años.
Aún son muchos los que prefieren tributar en Andorra y es que en este país no existe un impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, ni impuesto de sociedades. Las cuentas públicas se financian principalmente a través de impuestos indirectos, como los derechos de aduanas, tasas sobre agua o luz, registro de vehículos, tasas anuales de empresas registradas, etc.  Tampoco existe un banco central o moneda única que sirvan de control.
El glamuroso Mónaco, que cuenta con cien nacionalidades distintas, es también considerado la panacea de la exención de impuestos. El principado no cuenta con ninguna imposición directa, aunque con dos excepciones: las personas francesas que no hayan podido justificar cinco años de residencia en Mónaco y por tanto deben pajar impuestos sobre la renta y las empresas que obtienen fuera de Mónaco el 25% de su volumen de negocio. En la Península Ibérica, Gibraltar cuenta con 81.000 empresas con un capital declarado de más de ocho mil millones de euros y es un destino llamativo para los extranjeros residentes en las costas del sur de España.
Otros pequeños ejemplos nos los encontramos en algunas islas de Reino Unido como son las Islas de Man e Islas Jersey. Las primeras no aplican impuestos sobre transferencia de capitales o beneficios para compañías no residentes en el país, y las segundas solo aceptan grandes capitales, aplicando impuestos sólo a las compañías residentes, excepto de una recaudación tributaria anual fija.
 

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