Cómo los fondos de inversión manipulan a las empresas: Caso Spotify

Cómo los fondos de inversión manipulan a las empresas: Caso Spotify

Es una de las plataformas de streaming más famosas del mundo y de nuevo, la polémica le rodea: hablamos de Spotify y ¿cuál es la causa ahora? un sofisticado entramado de empresas y fondos de inversión de artistas fakes. Es decir, supuestos profesionales de la música que en realidad no existen pero generan ingentes cantidades de dinero a modo de reproducciones.

Sin embargo, Spotify no está sola cuando hablamos de la vinculación de artistas de la música con fondos de inversión. Hace apenas un par de semanas, el diario El Mundo publicaba como tras Bob Dylan y Neil Young, Shakira era la última artista en vender los derechos de sus canciones al fondo de inversión Hipgnosis Songs Fund. Es decir, la famosa cantante colombiana, se desprendia de los derechos de 145 canciones de su propio catálogo.

En este caso, se trata del mismo fondo de inversión propietario también de parte de los catálogos de otras artistas como Beyoncé, Jennifer López, Rihanna, Enrique Iglesias o Withney Houston por cifras astronómicas. Precisamente detrás de este fondo de inversión se esconde un paraíso fiscal, el de Guernsey. Justo un año después de la ratificación por parte de la Justicia española de que Shakira cometió un fraude fiscal de 14,5 millones de euros entre 2012 y 2014 al no tributar el Impuesto sobre la Renta de las Personas Fsicas (IRPF) pese a residir en España.

¿Qué pasa con Spotify?

Desde su creación, Spotify ha estado inmersa en el ojo del huracán. Nació en 2008 y ya su primer gran inversor fue Creandum, es decir un fondo de inversión ubicado en Suecia. En 2017, esta firma de capital riesgo había invertido millones en Epidemic Sound pero ¿por qué podría interesarle a Creandum invertir en artistas falsos? la respuesta no es tan disparatada como podamos pensar: cuanto más volumen de tráfico haya en Spotify, más rentable será su inversión en la plataforma.

La lista de artistas fakes en Spotify no deja de crecer, aunque huelga decir que es tremendamente sencillo poder tener un “canal” propio en esta plataforma de streaming musical. Como ejemplo, artistas que no existen como Lo Mimieux con más de trescientos mil oyentes mensuales en Spotify, pero no hay ningún rastro de él en las redes sociales, ni en ninguna otra parte. Tampoco Ana Olgica, una supuesta pianista que roza el millón de oyentes al mes, que incluso tiene más de 130 millones de clicks en una de sus canciones, pero tampoco es posible encontrar una sola referencia a su nombre en ningún sitio.

Spotify cambió el relato. Defendiendo que hay compositores que prefieren trabajar de esta forma bajo seudónimos, algo legal dependiendo de la jurisdicción aplicable. Situación impensable en España, por ejemplo, dónde habría que llevarlo como obra colectiva para que los derechos sean completamente de la empresa. Sin embargo, son muchos los países donde podemos encontrar estas “factorías de música” que crean temas para usarlas en hilos musicales libres de derechos, para centros comerciales entre otros espacios.

En Suecia podemos encontrar una figura como la de obra colectiva, en la que los derechos pertenecen a la persona que coordina y lleva la iniciativa; y si hay contrato laboral esos derechos pasan a la empresa. Por lo que en este caso, Creandum, gana dinero a dos bandas con los cantantes fakes, mejorando la rentabilidad de su inversión tanto en Epidemic Sound como en Spotify.

Preguntando por periodistas del diario ABC a la famosa plataforma sobre porqué tener artistas fakes entre sus filas, la respuesta ha sido esta: “la música en Spotify es creada por compositores, músicos y artistas con talento y esfuerzo. Pagamos derechos de autor por todas las canciones disponibles en Spotify. Toda la música de Spotify está licenciada por los titulares de los derechos, a quienes pagamos

¿Y cuál la finalidad de todo esto? una operación perfecta. Creandum ha creado un ecosistema de rentabilidad perfecto, en el que sus inversiones se retroalimentan entre sí. Primero crea música a través de Epidemic Sound. Luego, la reproduce a través de Spotify, recuperando dinero a través de los royalties y devaluando el precio del stream para que el portal sea más rentable, y más tarde multiplica su difusión a través de Soundtrack Your Brand, obteniendo enormes beneficios en cada uno de los eslabones de la cadena.

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