Impuestos y más impuestos: la forma que tiene el G7 de dominar a las empresas

Impuestos y más impuestos: la forma que tiene el G7 de dominar a las empresas

Ha sido uno de los mayores hitos económicos a nivel mundial de los últimos meses. El acuerdo alcanzado por el G-7 para imponer un impuesto global mínimo a las empresas supone un primer pero decisivo paso en el diseño de un tablero fiscal a escala mundial más igualitario.

En el punto de mira de ese impuesto global mínimo están las grandes multinacionales. Según las reglas de juego actuales, las empresas pueden establecer sus sucursales en cualquier país y declarar sus ganancias en él, aunque estas provengan de otros estados. Esto ha provocado que las grandes compañías se hayan establecido en naciones con sistemas impositivos más bajos para obtener un enorme beneficio fiscal.

De un modo más gráfico: el Impuesto de Sociedades de los países de la OCDE es de un 21,5 %; en Polonia, sin embargo, es de un 19 % y de un 12,5 % en Irlanda, por poner dos ejemplos. Esto ha hecho que, especialmente en el segundo caso, muchas multinacionales hayan decidido establecerse allí para pagar menos impuestos, aunque la mayoría de sus ganancias provengan de otros territorios.

Con ese impuesto global mínimo se trataría de evitar esa “fuga de empresas” y forzarlas a declarar y pagar impuestos allí donde obtienen beneficios. Esta medida afectaría especialmente a los gigantes tecnológicos que operan a nivel mundial, aunque también a grandes compañías farmacéuticas o de comercio electrónico. Lo que queda por ver es si afectará o no a fondos de inversión y fideicomisos de inversión inmobiliaria

Aspectos esenciales del acuerdo

El acuerdo alcanzado por el G-7 plantea dos cuestiones fundamentales. Por un lado, que las medidas para que las grandes corporaciones tributen allí donde operan se aplicarán a aquellas empresas que obtengan un margen de beneficio de al menos un 10 %. Por encima de esa cifra, se gravaría el 20 % en los países en los que operan.

Por otro lado, el compromiso establece ese impuesto global mínimo. Una tasa impositiva que se situaría en el 15 % sobre las ganancias en el extranjero. El acuerdo no implicaría que los países deban cambiar su sistema impositivo, pero sí que los países de origen de las compañías puedan reclamar la aplicación de ese nuevo impuesto en caso de que estas declaren las ganancias en otros estados con sistemas fiscales más laxos.

El trasfondo del acuerdo no sería solo conseguir un mayor equilibrio en el sistema fiscal a nivel mundial. Hay que tener en cuenta que ese impuesto global mínimo vendría a dar un respiro a unas arcas públicas, diezmadas hasta límites difíciles de sostener tras la pandemia de la COVID-19 y la crisis sanitaria y económica que ha provocado.

El impuesto global mínimo, aún en el aire

El acuerdo de G-7 para la aplicación del impuesto global mínimo a las empresas ya ha hecho historia, pero aún queda mucho por recorrer para que sea una realidad. No hay que olvidar que todo lo relacionado con fiscalidad internacional depende de alcanzar un consenso entre los países miembros de la OCDE.

De momento, el compromiso alcanzado ya volverá a ponerse sobre la mesa, esta vez en la reunión de ministros de finanzas del G-20, que se celebrará en julio en Venecia. Luego sería necesario llegar al acuerdo en el seno de la OCDE, que ya lleva tiempo trabajando en el diseño de un nuevo escenario tributario a nivel internacional.

Por tanto, aún queda mucho por negociar, ya que países como Irlanda, con tasas impositivas muy por debajo de la medida de la OCDE, ya han expresado sus dudas al respecto.

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