Las razones por las que Hungría rechaza apoyar el impuesto mínimo global

Hungría defiende que las normas del impuesto mínimo cubran igualmente a la empresa matriz y sus filiales extranjeras.

El 1 de julio, la mayoría de los miembros de la OCDE acordaron los principales componentes básicos de la nueva legislación fiscal para la economía digital (punto 1) y un impuesto mínimo global (punto2), sin embargo algunos países como en este caso Hungría y otros dos estados miembros de la UE, no se unieron al acuerdo. Estas son sus razones…

Para el “país rebelde” de la Unión Europea, Hungría, el nuevo acuerdo cubre solo algunos factores clave de la legislación planificada, con importantes elementos técnicos aún no decididos. El acuerdo proporciona solo un rango para varios parámetros numéricos y muchas incertidumbres que rodean la base del nuevo impuesto mínimo.

Para este país, dicho acuerdo global carece de garantías en algunas cuestiones críticas. Por esta razón, Hungría será un participante constructivo en el trabajo que queda por hacer, pero no firmará formalmente el acuerdo hasta que todos los detalles estén claros.

En principio, Hungría apoya plenamente la lucha contra la erosión de la base y la transferencia de beneficios, pero cree que la lucha contra la competencia fiscal nociva no debe convertirse en una lucha contra la competitividad de los sistemas fiscales.

En consecuencia, la legislación solo debería cubrir los beneficios móviles que sean desproporcionadamente elevados en comparación con el nivel subyacente de actividad económica real.

Hungría, el país rebelde de Europa

Diferentes situaciones de capitalización y desigualdad y diferencias en las prioridades de política económica requieren diferentes políticas fiscales. Hungría defiende que ciertos incentivos fiscales también pueden contribuir significativamente al crecimiento económico. Ejemplos bien conocidos incluyen incentivos de I + D, depreciación acelerada y sistemas de deducción de intereses teóricos, que pueden neutralizar el efecto de la inflación en la base impositiva y el sesgo deuda-capital.

Estas medidas también suelen ser promovidas por organizaciones internacionales. En consecuencia, apelan a que la regulación debe respetar plenamente la soberanía de los países para proporcionar tales incentivos.

Para alcanzar ese objetivo, los beneficios normales atribuidos a una actividad económica sustancial se separarán de la base imponible mínima. Para Hunfría, el acuerdo aborda esto, pero la tasa propuesta sigue siendo muy baja.

Mientras que el punto 1 exime al 10 por ciento de los ingresos, el punto2 exime al menos el cinco por ciento del valor en activos tangibles y los costes de nómina. Teniendo en cuenta que los ingresos medios de las empresas multinacionales son significativamente más altos que la suma de los activos tangibles y la nómina, los beneficios “ normales ” exentos del punto 1 son, en promedio, de 3 a 4 veces superiores al beneficio obtenido en el punto 2.

Lo que desea Hungría

Hungría defiende que las normas del impuesto mínimo cubran igualmente a la empresa matriz y sus filiales extranjeras. El acuerdo de julio abrió la posibilidad de una aplicación diferida de la Regla de Pago Sin Impuestos (UTPR), que cubre la entidad matriz última.

Dentro de la UE, cualquier diferenciación entre la matriz y la filial iría en contra de las libertades fundamentales. En consecuencia, la UE solo podía adoptar las normas cubriendo las entidades matrices desde el principio, una seria desventaja para las empresas multinacionales con sede en la UE.

Si bien las jurisdicciones matrices fuera de la UE podrían proporcionar incentivos fiscales, por ejemplo, créditos fiscales para I + D sin límite, los miembros de la UE no podrían.

Por lo tanto, Hungría defiende que no puede apoyar la implementación de las reglas por parte de la UE antes de que la UTPR entre en vigor a nivel mundial. Además, afirma, que el impuesto mínimo global no tiene como objetivo armonizar las bases impositivas, sino garantizar un nivel mínimo de imposición sobre los beneficios altamente móviles. Por lo que persistirán las diferencias técnicas entre los sistemas fiscales y no se proporcionarán mejores prácticas en este campo.

Posteriormente, Hungría cree que la propuesta debe ser lo suficientemente flexible para tratar estas diferencias de manera justa. Las empresas de todo el mundo pagan diferentes impuestos, y el impuesto a la renta suele ser una pequeña parte de su carga fiscal total. Por tanto, la gama de impuestos utilizada para calcular la base imponible debería ser lo más amplia posible.

A vueltas con la base imponible mínima

La base imponible mínima se establecerá utilizando las normas contables de las jurisdicciones matrices, que difieren de las de las jurisdicciones de las subsidiarias. Muchas de las diferencias afectan solo el momento de la obligación tributaria, lo que según Hungría puede dar lugar a una doble imposición si no se trata adecuadamente y peor aún, no existe un estándar contable global único para alinear las bases impositivas.

Además, opina que los datos muestran que tales diferencias causan distorsiones significativas, con al menos una quinta parte de las empresas que enfrentan tasas impositivas efectivas por debajo del 10 por ciento en los países con impuestos más altos. En consecuencia, puede haber una carga fiscal elevada e impredecible sobre las inversiones transfronterizas.

El Plan 2020 de la OCDE no pudo abordar adecuadamente estos problemas y, aunque el grupo de trabajo ha explorado enfoques más prometedores desde entonces, no se ha tomado una decisión final.

Por último, Hungría apela a que la legislación debería incluir normas de derechos adquiridos satisfactorias sobre los créditos fiscales adquiridos antes de que el acuerdo entrara en vigor. Hungría ofrece generosos créditos fiscales para promover la inversión en sus regiones rezagadas en virtud del Reglamento general de exención por categorías de la UE. Sería injusto que estos incentivos terminasen enriqueciendo los presupuestos de los estados miembros más desarrollados.

Encontrar soluciones adecuadas para abordar estas preocupaciones es un requisito previo para que Hungría se una al acuerdo final en octubre de este año.

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